¿Miedo a la muerte? Algunas claves para afrontarlo

Gilgamesh y el miedo a la muerte

Gilgamesh buscó el elixir de la inmortalidad tras ver morir a su amigo Enkidu

Como explica Irving Yalom, un psicoterapeuta humanista, el miedo a la muerte es algo que tenemos todos por ser autoconscientes, y vamos haciendo lo que podemos con él a lo largo de nuestra vida, desde que empezamos de niños a observar los atisbos de mortalidad hasta que somos viejecitos, pasando por todas las etapas de nuestra vida.

El poema de Gilgamesh (aquí puedes encontrar una versión) fue escrito hacia el 2500 a. C., y narra el viaje de Gilgamesh desde Uruk, ciudad donde él era un rey tiránico, en busca de aventuras con su amigo Enkidu (que en un primer momento fue un envío de los dioses para acabar con él). Enkidu muere, y Gilgamesh se estremece con la idea de su propia muerte, y emprende un viaje hasta los confines del mundo en busca de la inmortalidad. Sí, los babilonios se dieron cuenta de cómo nos afecta saber que vamos a morir y lo convirtieron en una obra literaria que ha pervivido, no sólo a sus autores, sino a su civilización.

A veces vamos a la contra poniéndonos en peligro. Otras, el miedo nos paraliza. En ocasiones disfrazamos ese miedo con ansiedades que parece que no tienen un origen concreto -según Yalom, ese tipo de ansiedades siempre se refieren a la muerte-.

El caso es que es complicado planearnos en serio qué significa para nosotros la muerte -la de los demás y la propia-, sin que nos recorra una especie de escalofrío, real o metafórico. Es, por lo menos, incómodo.

En su libro “Mirar al sol”, Yalom nos ofrece algunas reflexiones y consejos para poder enfrentarnos con el miedo a la muerte inspirándose tanto en la psicoterapia como en ideas de filósofos como Epicuro o Nietzsche:

Acumula experiencias placenteras y grábatelas a fuego. Cosas que hagan que la vida merezca la pena como para que en el lecho de muerte, puedas recrearte.

Igual que no existíamos antes de nacer, pasaremos a ese mismo estado al morir.

-Lo que hacemos, la influencia que tenemos en los demás, se propaga como ondas concéntricas, es decir, tu huella en el mundo se propaga a través de la gente a la que has influído con tu vida. Esa gente a su vez influirá a otra. Vamos, que lo que somos y hacemos persiste de formas que quizá no podamos percibir.

-Todos tenemos límites, y elegir cosas excluye otras. Por lo que mejor enfocarnos en el presente y en lo que nos gusta. Las elecciones exluyen y la vida no es una espiral sin fin. Si piensas que la vida es un continuo ascenso, la muerte se convierte en un enemigo de ese ascenso, y por tanto una amenaza a la que tener miedo.

-Mi reflexión favorita arranca desde un fragmento de “Así Hablí Zaratustra”, de Nietszche:

Qué ocurriría si algún día o alguna noche, un demonio llegara a ti, en lo más solitario de tu soledad, y te dijera: Deberás vivir la vida, tal como la vives, una e innumerables veces más; y no habrá nada nuevo en ella, sino que tendrás que volver a sentir cada dolor y cada gozo, cada pensamiento y cada suspiro, todo lo indescriptiblemente pequeño y grande de tu vida, todo, en la misma sucesión y secuencia, incluso esta araña, esta luz de luna entre los árboles, aun este momento y a mí mismo. El eterno reloj de arena de la existencia se da vuelta una y otra vez y tú con él, oh mota de polvo!. No te arrojarías acaso al suelo y rechinarías los dientes y maldecirías al demonio que así te habló? O experimentarías una tremenda sensación que te llevaría a responderle: ‘Eres un dios y nunca oí cosa más divina que ésa’? Si esta idea se apoderara de ti, te cambiaría, o, quizá, te aplastaría

Después de esto, podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué puedo hacer para sentirme a gusto con esa idea? ¿Qué puedo hacer para sentirme orgulloso de mi vida de aquí en adelante? ¿Qué puedo hacer para no arrepentirme?

El libro plantea más reflexiones acerca del miedo a la muerte, así como ejemplos prácticos y clínicos.

El caso, y esto ya no hace tanto referencia directa al libro, es que la muerte nos llegará a todos y a todas tarde o temprano. Y poner el foco de nuestra consciencia en este hecho nos da miedo. Necesitamos defendernos de este miedo y tratamos, con mayor o menor éxito de pasar de él, y en muchos casos, conseguimos vivir como si eso no fuera a ocurrir. En otros eso se logra parcialmente, o no se logra en absoluto.

Está claro que estar bien y tratar de ser felices no consiste en negar el hecho de que vayamos a morir, sino en asumirlo para vivir como realmente queremos vivir. De hecho, el que vayamos a morir nos puede ayudar a eliminar excusas o razones que nos damos para no hacer lo que realmente queremos.

En ocasiones un proceso de psicoterapia puede ayudarte a encontrar las claves para llevar una vida más a tu gusto, y para poder encontrar formas de encarar el miedo a la muerte. Porque aunque el miedo a la muerte es algo que, en mayor o menor medida compartimos todos, no tiene por qué paralizarnos, sino que puede impulsarnos a llevar una vida más plena.

Imagen: Estatua de Gilgamesh (Autor zayzayem), Este archivo se encuentra bajo la licencia Creative Commons Genérica de Atribución/Compartir-Igual 2.0, extraída de Wikimedia Commons.

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