El miedo a vivir nuevas experiencias:

Aunque el miedo a lo desconocido es algo que compartimos gran parte de los seres humanos con muchos otros animales, a veces, parece que es una especie de tabú: “¿por qué tener miedo de lo que viene?” “Es algo irracional”. Muchas veces, se presenta como yendo a la contra, con frases del tipo “mejor pensar que todo irá bien”.

Ninguna de estas medidas para evitar sentir el miedo que nos da lo que puede venir, lo elimina realmente. Lo pueden esconder o aplazar, pero nunca eliminar. 

Vivir nuevas experiencias, crecer, evolucionar, implica hacer cambios en nuestras vidas, tomar decisiones que posiblemente marquen nuestro futuro (y quizá el de otras personas), y como los seres humanos venimos al mundo sin un manual de instrucciones para vivir de forma correcta, muchas veces no sabemos qué tenemos que hacer para conseguir lo que buscamos, que normalmente se resume en ser felices de una u otra manera más o menos concretada.

Vamos, que tomar decisiones vitales es algo que:

-Cambia nuestra vida.

-Nos lleva al territorio de lo desconocido.

Por eso muchas veces nos quedamos paralizados a la hora de decidir cosas que suponen cambiar. Aunque sea lo que más deseemos en el mundo,

Pero realmente, cuando creemos que estamos dejando de tomar decisiones, lo que estamos haciendo es decidir “no hacer” o “aplazar”. Y eso, además, tiene sus consecuencias:

-Cuando no nos atrevemos a hacer lo que realmente queremos, estamos haciéndonos un poco más pequeños. Estamos mermando un poco nuestras capacidades.

-Estamos privándonos de la sensación de estar viviendo la vida por nosotros mismos

-Evitamos fallar. Y sí, estoy diciendo que el permitirnos fallar es algo bueno.

Para vencer el miedo a lo desconocido:

Hay miedos que no se pueden vencer. Ya hablamos del miedo a la muerte. Pues este es otro de esos miedos que nos puede acompañar tranquilamente el resto de nuestras vidas.

Así que mejor que vencerlo, podemos aprender a convivir con él, que alguna función tendrá.

En primer lugar tenemos que tener en cuenta que, como todo miedo, está ahí para avisarnos, para protegernos. Sabiendo esto, podemos averiguar qué es lo que queremos proteger y meterlo en la ecuación a la hora de decidir.

En segundo lugar, tenemos que tomar decisiones. Ya sean de cambiar o de quedarnos como estábamos. Y saber que si la única motivación que tenemos a la hora de decidir algo es el miedo, algo va mal.

En tercer lugar, tenemos que permitirnos fallar. Equivocarnos. Al fin y al cabo, todos tratamos de hacer las cosas lo mejor posible. Pensar que el fallo es una parte imprescindible de nuestro aprendizaje vital es un buen comienzo para que no nos comamos la cabeza con millones de hipótesis sobre el futuro.

Atrévete a hacer cambios, aunque sean pequeños. De a poco. Para poder ir viendo cuándo las consecuencias son buenas y cuándo son malas. Si las consecuencias no son buenas, no pasa nada, inténtalo de otra forma.

Un proceso de desarrollo personal desde la psicoterapia siempre va a tratar de propiciar que tomes tus propias decisiones, afrontando y conviviendo con el miedo a lo desconocido y al futuro.

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