“El miedo al cuerpo”

Otra entrada del antiguo blog:

El miedo al cuerpo

Un lector expresaba su interés en “la hipocondrisis, el miedo a la muerte sin razón ‘aparente’ y su consecuente ansiedad”. Es un placer poder responder algo, aunque sea de forma divulgativa y recomendando siempre que, antes de autodiagnosticarse o diagnosticar a un amigo -y aquí no pongo criterios diagnósticos-, acudan a un profesional a preguntarle, si es que creen que es necesario (¡Ojo Cuidado! Que poner nombres y etiquetas a lo que nos pasa a veces no ayuda nada).

Hay muchos prismas desde los cuales se puede mirar esta realidad. Si alguien quiere extenderse en el estudio de estos temas, en la bibliografía hay referencias interesantes. Por ahora vamos a intentar abordarlo de una forma sencilla, humana -y humanista-, y lo más difícil, en formato breve.

No hace falta ser psicólogo para saber que el miedo a la enfermedad, especialmente a la incapacitante y a la muerte -de hecho parece que ahora nos damos cuenta de que esto es sabiduría milenaria*-, son miedos universales. Más o menos reprimidos, más o menos obvios, pero en mayor o menor medida, todos tenemos la semilla de esos temores, que puede que se expresen de diferentes formas.

Según algunos autores, la hipocondría supone un estilo a la hora de percibir sensaciones que da el cuerpo, comprendería tres elementos: Hipervigilancia corporal, estar demasiado atentos a las sensaciones corporales; tendencia a centrarse en algunas sensaciones infrecuentes o tenuespropensión a valorarlas como anómalas e indicadoras de enfermedad**. El cuerpo hace ruidos, tiene cosas, duele… ¿Dónde se marca la línea que separa la preocupación “excesiva”? ¿Podemos decir que si las señales, incluidos los dolores y algunos “síntomas” que nos manda el propio cuerpo, son una parte funcional del mismo, es tenerle miedo al cuerpo?

En primer lugar podemos decir que preocuparse por la salud es, en sí mismo, criterio de salud, aunque preocuparse por la salud en contra del criterio médico, incluso de varios médicos, puede ser un indicativo de que algo no va bien. ¿Cómo saber entonces si la preocupación es infundada? A lo mejor hay que saber convivir con la duda. Parece una respuesta así como muy alegre, pero indaguemos en lo que es la enfermedad, la salud. ¿Alguien puede decir con certeza que está sano? ¿Que no va a morir en un tiempo largo?

Tenemos dos elementos entonces: La distorsión a la hora de percibir el cuerpo, y la duda -por cierto, respondida en gran medida- sobre la posibilidad de estar enfermo, gravemente enfermo. Eso es lo que tienen en común los que van de médico en médico hasta que les confirmen una enfermedad extraña y grave, los que no van nunca -ni aunque sangren por los oídos- por miedo a que lo hagan, o los que sustituyen al médico por internet -y no sólo “portales médicos”, no es extraño ver en foros de internet, por ejemplo, de videojuegos, dedicados a temas variopintos cómo la gente pregunta por síntomas relativamente graves, como orinar sangre-. El miedo a la enfermedad y a la muerte, no confiar en el cuerpo, son cosas humanas. Cuando generan sufrimiento, impiden llevar una vida plena, ahí sí que hablamos de un problema.

El miedo a la muerte, como miedo universal, también merece mucho más espacio del que este formato puede ofrecer. Pero como el miedo a la enfermedad, establece, simbólicamente, un límite. Un límite insuperable. El cuerpo no es invulnerable. El cuerpo falla. ¿Podemos trascender ese miedo, o simplemente lo ignoramos? Quizá para la mayor parte de la gente dé exactamente igual, pero es la diferencia entre cuidar el cuerpo -asumiendo su falibilidad- y no hacerlo. O en el otro extremo, vivir la vida, o vivir buscando síntomas. Dudar o confiar.

Aquí ha salido algo importante: “vivir la vida”. Tener un sentido. Buscar placeres en lugar de vivir en el dolor, atentos al dolor, y sintiendo dolor por miedo al dolor -quizá esto sea una de las relaciones entre la hipocondría con el ánimo decaído y la depresión-. La psicoterapia en este caso, puede ayudar a cambiar la forma de sentir, pensar, y en definitiva, vivir el cuerpo y las señales que nos manda, y en lo que parece una paradoja, conocerlo mejor.

Recuerdo que podéis enviar vuestras dudas, sugerencias, a través de facebooktwitter, o por correo .

 

* La primera de las cuatro nobles verdades de Buda: “El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo que no se quiere es sufrimiento, separarse de lo que se quiere es sufrimiento, no alcanzar lo que se desea es sufrimiento.”

** Belloch, A., Sandín, B. y Ramos. Manual de Psicpatología Vol 2. Mc Graw Hill

Otra Bibliografía:

Zweig C. y Abrams, J. (ed.) 1991. Encuentro con la sombra. Barcelona, Kairos. Capítulos 12, 13 y 14 (“El cuerpo como sombra”, “Anatomía del mal”, “La luz de la salud y la sombra de la enfermedad”.

Downing, C. (ed.)1991. Espejos del yo. Barcelona, Kairos. Capítulo 42. (Sobre el arquetipo de “El inválido”).

Frankl, V. (1977). Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia. Barcelona, Herder.

http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num13/clinica-armando-hipocondria-primera-parte.php

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